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 San Quintín

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[LCM]DoroiZ

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MensajeTema: San Quintín    Jue Oct 19, 2017 2:09 am

Tengo que añadir un comentario a esta historia sacada de un viejo libro que se remonta a 1845 que a su vez fue tomado de un documento coetáneo que cuenta la historia vista por un testigo que cuenta lo sucedió en San Quintín ciudad Francesa, creo que Arturo Pérez Reverte se queda corto hablando de los Tercios (no por sus historias de valor hay lo borda, sino a la crueldad de esos hombres. La historia comienza así:


Entre todos los graves males que lleva consigo la guerra, ninguno más horrible que el asalto y saqueo de una ciudad que ha opuesto larga y tenaz resistencia. Entonces se da rienda libre a brutales pasiones del soldado; se desconocen las leyes de la humanidad y compasión; se autoriza el robo, el asesinato y la violencia; se hace gala de la crueldad; en fin, los hombres parece que olvidamos lo que son, se convierten en fieras sanguinarias. San Quintín va a presentarnos todos esos horrores, trazados con los colores más sangrientos.

Al amanecer del 27 de agosto de 1557, todo el campo español estaba en movimiento, y entre el humo de la artillería, que continuaba batiendo las murallas de la infortunada ciudad, y através de la neblina que exhalaban las lagunas, se veían brillar las lanzas y armaduras, y moverse los numerosos tercios, marchar los escuadrones, y discurrir de uno a otro lado los capitanes para comunicar sus ordenes y colocar a los soldados en los puntos convenientes. A las ocho de la mañana se dio orden de que cada uno ocupara su puesto, y al son de los clarines y tambores los tercios se acercaron a las brechas, previnieron sus armas y tomaron las demas medidas necesarias para estar prontos en la primera señal, y caer sobre la ciudad como tigre sobre su presa.

Por la parte mas baja de la playa estaba Maestre de campo Navarrete, con su tercio de españoles escogidos, tres mil tudescos mandados por Lázaro Suendi, y cuatro mil alemanes que se habían brindado a dar el asalto, estimulados por la codicia del saqueo. El capitán Julián Romero debía acometer desde el arrabal con cuatrocientos españoles y dos mil ingleses. Por la parte enfrente de las tiendas del Rey, donde primero se había abierto brecha, practicando minas y arrimando las mantas, amagaba el Maestre de campo Cáceres, con su tercio otros tres mil alemanes. A este ultimo se había dado orden de no acometer hasta que Navarrete y Romero lo hubiesen hecho por los puntos respectivos, a fin de que los franceses, que no tenían gente bastante para defender todos los puntos, acudiesen con preferencia a los dos por donde eran atacados con mas ímpetu, abandonando el que estaba mas practicable, y entonces, aprovechando esta ocasión, entrase por allí con mas facilidad y menos perdida. La artillería estaba toda apuntada a lo alto de los muros y a las brechas, y cuatro mil arcabuceros alemanes y borgoñones guarnecían todas las trincheras. La caballería ocupaba los puntos convenientes, como se había hecho en la tarde anterior, y el activo Duque de Saboya discurría con velocidad de uno a otro punto, reconociendo ordenando todo.

A las dos de la tarde salio Felipe II de su tienda, frente a la cual estaba formado el lucido escuadrón de caballería que le esperaba. Iba el Rey completamente armado, y un paje conducía su celada. Monto a caballo y se dirigió a la brecha por donde había de atacar Navarrete, situándose con su escuadrón detrás de una pequeña eminencia, desde donde podía observarlo todo, y estaba cubierto de los fuegos de la plaza.

Antes de la señal en las tropas que mandaba Cáceres, se suscito una acalorada contienda sobre quien pertenecía ir delante; D. Iñigo de Mendoza, hijo de D. Antonio de Mendoza, Virrey de Méjico, dijo algún tanto enojado: ea sus, los caballeros vayan como caballeros, y los soldados como soldados: cuyas palabras aumentaron la alteración en términos, que el joven caballero abandono el punto, y fue a unirse con las tropas de Navarrete.


Desde que el Rey salio de su tienda había estado haciendo fuego sin cesar la arcabucería que estaba en las trincheras, y a las tres y media los clarinetes y tambores dieron en todos los puntos la señal de acometer, e inmediatamente fue seguida del estruendo de la artillería, de la explosión de los hornillos y minas, que hicieron un efecto razonable, del fuego no interrumpido de los arcabuceros, y de las voces de los combatientes. El Duque de Saboya, que se hallaba junto a Navarrete, le mando que echase por delante a los alemanes, y si estos eran rechazados acometiese el con sus españoles. Navarrete mando alos alemanes ganar la brecha, y se arrojaron a ella con furia y decisión, pero fue tan tenaz la resistencia de las resistencia de los franceses, tanto el fuego de alquitrán y otros mistos que lanzaron que lanzaron contra ellos, que a pesar de tener ya ganado el foso y parte de la brecha, comenzaron a retirar y fueron completamente rechazados. Viéndolos retroceder Navarrete, puesto en frente de sus valientes españoles, se dirigió a la brecha acompañado del joven Mendoza y de D. Frances de Alaba, que como buenos caballeros querían dar muestra de su valor; mas a penas habían comenzado a subir a la muralla cuando esforzado D. Iñigo de Mendoza recibió un tiro de arcabuz, que le entro en los riñones y le salio por el pecho, cayendo redondo al foso, done fue pisado de todos sin que nadie lo socorriese. Se creyó fundadamente que le tirase alguno de nuestros soldados, resentido de la disputa tenida antes del asalto. No tardo en tener la misma suerte D. Francisco de Alaba, que recibió otro arcabuzazo en el bajo vientre, y chamuscada la cabeza y cejas con el alquitrán, cayo rodando al foso al foso de donde pudieron sacarle sus criados.

Era tanto el humo producido por la artillería, los arcabuces y fuego de alquitrán, pólvora y azufre, que apenas podían distinguirse los combatientes, no obstante ser el viento muy recio y favorable a los españoles, pues dando a los franceses en la cara, les echaba todo el humo y el polvo y los cegaba; sin embargo la resistencia no podía ser mas desesperada. Ya la brecha estaba llena de cadáveres, y entre ellos se contaba también el del capitán Juan Pérez, y ni los españoles desistían ni los sitiados aflojaban, cuando los franceses pegaron fuego a una mina que habían abierto por debajo de la brecha, y veinte soldados de la compañía de D. Antonio de Velasco cayeron envueltos entre humo y escombros. Nada, sin embargo, bastaba a intimidar ni hacer retroceder a los tenaces e incansables españoles, cuyo ejemplo alentó a los alemanes, rechazados al principio, y volvieron con mas furor a la carga.


PD: Seguiré en otro momento pues es una historia muy larga, ahora empieza lo bueno, pues los datos que da pone los pelos de punta en la crueldad que ejercieron en esa ciudad, y comprenderéis ese dicho “se va a liar la de San Quintín” aquellos que no conozcáis la historia



No era mas venturoso el capitán Julián Romero en el arrabal, pues había perdido ya mas de cien ingleses, algunos españoles y el mimo tenia una pierna quebrada por una bala de mosquete, sin haber podido aun pasar la puerta derribada por su artillería, ni ganar la brecha contigua; pero tanto allí como en la parte de Navarrete la lucha era tan porfiada y sangrienta, que sitiadores y sitiados parecían en gran numero, sin ganar ni perder un palmo de terreno.

Conociendo sin embargo el Almirante que era imposible defender mas tiempo los puntos atacados, sino los reforzaba; porque ya había perdido mucha gente, y la que quedaba estaba desfallecida y cansada, porque hacia media hora larga que sostenía un combate atroz; y engañando al mismísimo tiempo por la inacción en que permanecían las tropas de Cáceres, fue separando gente de aquel punto para reforzar los otros donde Navarrete y Julián atacaban. Con lo cual dejo my desprovista y mal guardada la brecha por donde estaban las mantas, y donde se habían hecho los mayores trabajos para facilitar el asalto. El Duque de Saboya, que cuidaba de todo y se hallaba en todas partes, viendo aquella brecha desamparada, mando a Cáceres que la tomase, y la resistencia fue tan débil que al momento entraron en la ciudad, quedando sin uso todos los preparativos de defensa que por aquella parte habían hecho los franceses.

Más de cuatro mil alemanes y españoles habían penetrado ya por la brecha; pero ansiosos de saquear, se esparcieron por las casas, olvidándose de sus compañeros que aun estaban sosteniendo una lucha sangrienta en las brechas asaltadas por Navarrete y Julián. En vano Don Juan Pimentel, y Don Méndez de Haro y otros caballeros que habían entrado en la ciudad con su Maestre de campo Cáceres, les rogaba que fuesen al socorro de sus compañeros, ninguno quiso obedecerlos ni oírlos, hasta que los valientes capitanes de infantería D. Diego de Rojas y D. Diego de Hoyos lograron reunir ochenta soldados españoles, y divididos en dos mitades fueron a los dos puntos donde se peleaban y cargaron a los franceses por la espalda, El terror y el desorden se apoderaron de los sitiados, cuando sintiéndose combatidos por la espalda no pudieron ya dudar de que los enemigos estaban dentro de la ciudad y abandonando la defensa solo trataron de huir y esconderse, por ver si lograban salvar las vidas ; pero en vano, los implacables sitiadores, que como un torrente se precipitaron por las brechas abandonadas, do quiera que encontraban algún Frances lo degollaban sin clemencia. En el momento se inundo la ciudad de enemigos, que perseguían por todas partes a los fugitivos habitantes, y que llevaban hasta lo mas recóndito del hogar domestico la muerte y la desolación.

El Almirante, que sabia muy bien que sola la codicia de un cuantioso rescate podía salvarle la vida, si se tomaba la ciudad por la fuerza, había colocado sobre su armadura una riquísima ropa de terciopelo negro recamada de oro, y adornado con todas las insignias de su nobleza y dignidad, y a poco tiempo de haber sido entrada la plaza, un soldado español, natural de Toro, llamado Francisco Díaz, encontró con el, y le intimo que se rindiese. Hízolo al momento el Almirante, suplicándole que respetase su persona, y le entrego el estoque en señal de rendimiento. El noble español le condujo salvo hasta presentárselo al Duque de Saboya, entregándole también el estoque: y en cambio se le prometieron los diez mil ducados de premio según costumbre; y el Rey mando que la persona del Almirante se encargase el Maestre de Campo Cáceres, y así lo hizo. D. Antonio de Velasco prendió a un hijo del Condestable de Francia, por quien el Duque de Saboya dio doce mil ducados. También fue preso Mr. De Andulo, hermano del Almirante, mas luego se escapo y logro meterse en Francia, se cree, que sobornando a costa de muchísimo dinero los soldados que le custodiaban.

Impaciente Felipe II por saber el resultado del asalto, se había separado de su escuadrón, y acompañado del Duque de Siesa y Conde de Feria se había acercado a la brecha; mas como el polvo y el humo era tan denso, no pudo distinguir bien que la plaza era tomada, hasta que D. Fernando de Gonzaga, que había estado entre los combatiente en las trincheras, vino a darle la nueva. Entonces seguro ya de la victoria se retiro a su tienda real.

A poco tiempo ya el silencio de la artillería y arcabucería indicaba que la plaza había caído en poder de los sitiadores ; pero al estampido del cañón, al estruendo de las armas, y gritería de los combatiente, habían reemplazado los alaridos de los moribundos, las suplicas y lamentos de las desgraciadas mujeres y niños, y las imprecaciones y amenazas de los soldados, y desde el campamento se oía un rumor sordo y continuado, entre el que solo podía percibirse algún grito penetrante de dolor, que anunciaba la muerte de una nueva victima. En el interior de la ciudad todo era sangre, muertes, horror y desolación.

Más de veinte mil hombres discurrían por la ciudad cometiendo las más inauditas crueldades. Los alemanes, ingleses y aun algunos españoles estaban tan furiosos y sedientos de sangre, que en la casa que entraban no perdonaban a nadie, y hasta las mujeres y niños eran inhumanamente sacrificados, dedicándose después a robarlo y destruirlo todo. Donde no encontraban lo que su ambición le había pintado, martirizaban y mutilaban horrorosamente a los que encontraban, para obligarles a descubrir el sitio donde tenia escondido el dinero u objetos preciosos; y llego a tal extremo la ambición y barbarie de algunos, que después de muertos y ya despojados los franceses, le abrían los estómagos, para ver si habían tragado el dinero.(1) En particular los inglese y alemanes, mataban a cuantos encontraban, sin diferencia de sexos ni edades, y cuando ya no encontraban que saquear en las casas, bajaban a las bodegas, en las que había refugiado mucha gente, y después de degollarla inhumanamente, cavaban los pisos, hasta encontrar lo que habían escondido, o hasta no dejar rincón sin reconocer.

A las ocho de la mañana del día siguiente el Rey, acompañado de algunos de sus caballeros, rodeo toda la ciudad, y luego entro en ella, y se dirigió a la iglesia mayor. Allí encontró un crecido número de mujeres que en ella se habían refugiado, y se aseguraba que había encontrado también un gran depósito de dinero y joyas, que allí habían escondido, el cual recogió para ayudar a los gastos de la guerra.


*(1) Para que no se crea que esta horribles crueldades están
Exageradas o pintadas a nuestro arbitrio, y quede dicho para
Toda la redacción, que no hacemos más que copiar los hechos
Tal cual el autor de estos apuntes los refiere, citaremos aquí
Sobre este hecho sus mismas palabras: Hubo algunos (dice) que
Después de muertos y desnudos en carnes los hombres en el
Suelo los abrían por los estómagos, y aun yo vi uno, que le
sacaron las tripas por el estomago……… etc.

Continuara…………………………………….
PD: como hizo el antiguo narrador de esta historia en 1845, que dice que el solo copia los hechos narrados por un testigo de la época, yo digo lo mismo solamente me limito a copiar como buenamente lo escrito en este libro antiguo.
Ver como el testigo que vio lo sucedido en ese momento se fija en alemanes y ingleses como los mas dados a las matanzas que no quita que los españoles no participaran, pero si creo que deja claro que no importa la nacionalidad para cometer crímenes horrorosos, otra cosa curiosa ingleses luchando bajo el mando español jajajajajajajaja, no lo recordaba y a leer de nuevo esta historia me hizo gracia.


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[LCM]Vieja Guardia

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MensajeTema: Re: San Quintín    Sáb Oct 21, 2017 12:40 am

Arriba España Twisted Evil

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"El Asedio de Altdorf fue mi primera batalla y, de milagro no fue también la última. ¿Vez esta cicatriz? ¿Y esta otra? ¿Ves mi manga vacía, esta pierna de madera y un parche donde debería tener mi ojo? Ese día luchamos como Unberógenos y matamos a docenas de repugnantes Orcos, pero volvían a parecer más. Era una marea de monstruos pieles verdes que alcanzaban hasta donde se pierde la vista y otras cosas peores con las que sigo teniendo pesadillas. Solo Sigmar saber cómo sobrevivimos aquel día."

—Tobias Gottmann, último superviviente de los Escudos rojos de Altdorf
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[LCM]eldiegofu

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MensajeTema: Re: San Quintín    Sáb Oct 21, 2017 10:07 am

VIVA AL TERSO!!!!

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MensajeTema: Re: San Quintín    

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